Los fundamentos de la escuela en casa
PETER SZIL
(Texto publicado en el Anuario de la Educación 2001 del periódico "Magisterio")
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PETER SZIL
(Texto publicado en el Anuario de la Educación 2001 del periódico "Magisterio")
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Hola a todos/as;
Como seguramente sabrán ya los asiduos a esta lista residentes en Cataluña, el gobierno catalán se propone convertir en obligatorio el segundo ciclo de educación infantil. En otras palabras, si el proyecto de ley prospera y se acaba aprobando, los niños de tres años residentes en Cataluña tendrán que ir al cole el próximo curso, estén o no preparados para hacerlo, con el agravante de que en Cataluña el horario escolar a esas edades se prolonga desde las nueve hasta las cinco de la tarde, a diferencia de la mayoría de comunidades autónomas españolas y de otros países, en las que los niños salen a mediodía y se permite una mayor flexibilidad horaria en función de la disponibilidad de los padres.
La iniciativa nos parece una barbaridad sin ningún fundamento pedagógico y cuya finalidad ni siquiera queda clara en las afirmaciones del conseller de Educación, Ernest Maragall. Que casi todos los padres se vean obligados o quieran llevar a sus hijos al cole con tres años no justifica que todos sin excepción lo tengamos que hacer, entre otras cosas porque cada niño es un mundo y no todos están preparados para la escolarización a esas edades.
Hemos redactado una carta destinada al conseller d'Educació y al Síndic de Greuges (el defensor del pueblo en Cataluña) , así como a los medios, y estamos recogiendo firmas entre los residentes en Cataluña para añadirlas al texto antes de enviarlo (ya llevamos ochenta) . Quienes estén de acuerdo con lo expuesto en él y tengan a bien firmarlo pueden hacerme llegar sus datos (nombre completo, DNI o cualquier otro documento de identidad y profesión u ocupación) en un mensaje privado a rita@fornols.net.
A continuación pego el escrito.
Gracias de antemano y feliz año nuevo a todos,
Rita da Costa
El documento “Bases per a la Llei d’Educació de Catalunya. Una llei de país”, presentado por el conseller de Educación Ernest Maragall en rueda de prensa el pasado 16 de noviembre se plantea como declaración de intenciones del gobierno catalán, abierta al debate público, sobre la futura Ley de Educación catalana.
Han sido muchas las reacciones y la polémica que ha despertado este documento, sobre todo entre el personal docente, respecto al alcance y la conveniencia de las medidas propuestas, pero una de las novedades más radicales que en él se postulan ha pasado bastante desapercibida.
Nos referimos a la afirmación de que “la Ley declarará la obligatoriedad de la educación en el segundo ciclo de la educación infantil”, es decir, el tramo que va de los tres a los seis años de edad.
¿Qué razones pedagógicas se ofrecen para justificar una decisión de este calibre? No lo es, sin duda, la primera que se aporta: “tal como se ha configurado la oferta de enseñanza en Cataluña, se puede afirmar que prácticamente la totalidad del alumnado entre los tres y los seis años (…) está escolarizada”. Constatar un hecho consumado no constituye en modo alguno una justificación razonada y basada en criterios pedagógicos. Si, como dijo el propio conseller en rueda de prensa, el 98% de los niños catalanes de edades comprendidas entre los 3 y los 6 años ya acude a la escuela, no comprendemos por qué propone el Departament d’Educació hacer obligatorio algo que en la práctica ya casi lo es.
Si buscamos más profundidad pedagógica (o tan sólo algo de sentido común) en el texto presentado por el conseller, tampoco la hallaremos en la segunda y última razón esgrimida para introducir la obligatoriedad de la educación preescolar: “Por otro lado, la importancia que tiene la escolarización de toda la población a estas edades, especialmente entre los niños de las clases sociales menos favorecidas, aconseja declarar este ciclo obligatorio, y así mejorar la igualdad de oportunidades”. Afirmar, sin más argumentos, que es importante escolarizar a los niños a una edad tan temprana resulta inadmisible. ¿En qué estudios se basa el conseller? ¿Acaso conoce el informe recientemente publicado por las universidades de Stanford y Berkeley (How Much is Too Much? The Influence of Preschool Centers on Children`s Social and Cognitive Development) que alerta sobre los riesgos de la educación preescolar y señala que, aunque la escolarización infantil favorece la adquisición de habilidades cognitivas, incide negativamente en el desarrollo social y emocional de los pequeños, generando un incremento de los problemas de conducta?
Y en cuanto a la necesidad de asegurar la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, nos preguntamos a qué medio social pertenece ese 2% de familias que eligen no escolarizar a sus hijos de tres años en Cataluña. Sospechamos que no todas encajan en la definición de “familias desfavorecidas” y que en ese porcentaje entran también quienes se han planteado otro modelo educativo para sus hijos, basado en el respeto a las necesidades fisiológicas, emocionales y pedagógicas de éstos. Un modelo, queremos subrayarlo, avalado por la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea , que en su artículo 14 proclama “el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”. Sería deseable que el conseller compartiera, si es que dispone de ella, la información relativa a ese 2% de la población.
Pero, argumentos aparte, basta echar un vistazo a los países de nuestro entorno para darse cuenta de lo estrafalaria que resulta esta urgencia por escolarizar a los niños de tres años. En el exhaustivo estudio publicado por la OCDE bajo el título “Starting Strong II: Early Childhood Education and Care” sobre las políticas de educación y atención a la primera infancia en veinte países, se describen los factores sociales, económicos y conceptuales que condicionan dichas políticas. Pues bien, no hay un solo país de la Unión Europea en el que la enseñanza sea obligatoria antes de los seis años de edad (siete en el caso de Dinamarca, Suecia y Finlandia). Tampoco lo es en Canadá, Estados Unidos ni Australia.
Pero hay un dato más llamativo aún: en el caso de Finlandia, que el último informe PISA valora como modelo a seguir por los excelentes resultados obtenidos en materia de educación, el porcentaje de niños de entre dos y tres años que acuden a la escuela no supera el 50%, frente —recordémoslo— al 98% de niños catalanes. El único país incluido en el estudio de la OCDE que prevé hacer obligatoria la enseñanza preescolar es México. Con todo el respeto que nos merece el pueblo mexicano, ¿cuál debería ser la referencia para Cataluña, México o Finlandia?
En los últimos tiempos, las medidas que —al menos sobre el papel— buscan fomentar la conciliación de la vida laboral y familiar ocupan un lugar destacado en las políticas sociales, tanto del gobierno español como del catalán. ¿Acaso se fomenta esta conciliación universalizando la escolarización obligatoria a partir de los tres años? ¿Qué entendemos por “conciliación”? ¿No sería más progresista y efectivo establecer los mecanismos sociales que permitan a padres y madres pasar más tiempo con sus hijos en una etapa de la vida de éstos en la que, según las principales corrientes pedagógicas vigentes, el desarrollo personal de los niños pasa más por la construcción emocional y social que por la acumulación de conocimientos y la imposición de unas exigencias curriculares más propias de niveles superiores, una etapa en la que el juego constituye la principal y más eficaz forma de aprendizaje?
¿Qué es más progresista, consentir que los niños de tres años pasen ocho horas al día en el recinto escolar, sometidos a jornadas tan largas como las de sus padres o introducir medidas reales de conciliación que permitan reducir la jornada laboral de éstos para que puedan compartir con sus hijos al menos una parte del día? No podemos sino preguntarnos si no habrá una relación directa entre este déficit de atención en el seno familiar durante la primera infancia y los crecientes casos de depresión y trastornos de conducta entre los menores, o el hecho de que España tenga el dudoso honor de ser el tercer país del mundo que más psicofármacos receta a los menores.
¿No sería más lógico establecer un ingreso gradual y flexible de los niños en el sistema educativo, sin imposiciones, en función de las necesidades de los padres y las características personales de cada niño, de cada familia, con un planteamiento más abierto de los centros preescolares, con mayor libertad de horarios, que en todo caso no deberían ser tan amplios como los que tenemos ahora, sino más bien imitar el modelo noruego o el de otras comunidades autónomas españolas, en las que el horario lectivo preescolar concluye a mediodía?
Por descontado, esto requeriría establecer verdaderas medidas de conciliación, como ampliar los permisos de maternidad o legislar excedencias remuneradas y con garantía de reincorporación al puesto de trabajo y mantenimiento de sueldo para uno de los dos miembros de la pareja con niños de corta edad, como sucede en los países que nos aventajan en los índices de bienestar y éxito escolar?
El Departament d’Educació plantea la necesidad de esta nueva Ley de Educación de Cataluña , entre otras razones, como respuesta al índice de fracaso escolar todavía “demasiado elevado” y a un “rendimiento escolar insatisfactorio” que queda “por debajo de lo exigible” a nuestro país. ¿Por qué no fijarse, entonces, en los países con mejores resultados, aquellos que el último informe PISA presenta como modelos a seguir? Ninguno de ellos se plantea declarar obligatoria la escolarización antes de los seis años, pero en cambio todos fomentan verdaderas medidas de conciliación laboral y familiar en lugar de ahondar en la dicotomía hogar-escuela.
Creemos que existen dos elementos socioculturales subyacentes a la decisión del Departament d’Educació: en primer lugar, la noción, bastante extendida, de que conciliar la vida laboral y familiar consiste en mantener a los niños “aparcados” mientras los padres trabajan. Eso no es conciliar, sino más bien todo lo contrario. Aceptamos que niños de menos de tres años entren al colegio llorando día tras día a lo largo de semanas o incluso meses, que sufran una imposición prematura del control de esfínteres para el que muchos de ellos no están preparados, que vivan como una separación traumática lo que debería ser una adaptación progresiva y acorde con sus necesidades emocionales, y nos enjugamos las lágrimas que nos provoca ser testigos y partícipes de su sufrimiento porque “es lo que toca” en lugar de cuestionar un sistema que alienta y premia —aunque hasta ahora no imponía por ley— la segregación precoz y prolongada de padres e hijos.
El segundo elemento es fruto de una filosofía de trabajo muy arraigada en España, y sobre todo en Cataluña, según la cual cuantas más horas pasa uno en la oficina, más produce. La realidad de los países que nos rodean, y en especial de los que disfrutan de un nivel de vida más elevado que el nuestro, desmiente este mito sobradamente. Más horas en la oficina no equivalen a más trabajo hecho, no necesariamente. Además, fomentar la concesión de permisos de baja maternal y paternal, así como reducciones de jornada, para que hombres y mujeres puedan dedicarse a la atención y educación de sus hijos no solamente no perjudica la productividad de las empresas ni la buena marcha de la economía sino que contribuye a fortalecer las familias y, en consecuencia, favorece el bienestar y la educación de los niños, que es responsabilidad primera y directa de los padres, no de las guarderías ni de las escuelas.
Por todo ello, consideramos que no resulta socialmente beneficioso ni pedagógicamente razonable imponer la obligatoriedad de la enseñanza entre los 3 y los 6 años de edad. Es una ocurrencia impropia de un gobierno progresista y de izquierdas e incurre claramente en el vicio de “prescribir remedios ineficaces para males inexistentes” que, citando textualmente el documento presentado por conseller, se pretende evitar. Una ocurrencia que, además, resulta incompatible con la Ley Orgánica de Educación española, aprobada el año pasado, que mantiene la obligatoriedad de la escolarización a partir de los seis años y cuyo carácter orgánico hace que la pretensión del Departament d’Educación resulte más que dudosa desde el punto de vista legal. Convertir semejante dislate en ley de obligado cumplimiento en lugar de favorecer alternativas que permitan una socialización menos brusca y drástica de los niños nos parece un grave paso atrás sin fundamento pedagógico alguno que merece nuestro más enérgico rechazo.
• "Quiero que mis niños aprendan a ser ciudadanos del mundo", dice el actor
OLGA PEREDA
MADRID
Will Smith es un padre de familia preocupado. El actor, de 39 años, quiere que sus dos hijos aprendan a ser "ciudadanos del mundo", algo que no se enseña en las escuelas de EEUU. La solución es, pues, que los niños no vayan al colegio sino que se eduquen en casa. Así lo hace él y, dice, le va de maravilla.El campechano actor estadounidense, que ayer visitó Madrid para promocionar la película Soy leyenda, recalcó que las lecciones de la vida no se aprenden en escuelas públicas ni privadas, de donde salen chavales solo preparados para "trabajar en fábricas o delante de ordenadores". Smith insistió en que sus dos hijos, de 9 y 7 años, van mucho más allá. "Los niños tienen que aprender que no están solos en el mundo, que su vida depende de los demás. Y lo que es más importante: que uno trabaja para dar de comer a su familia".La corriente de educar a los hijos en casa --de la que Smith es el defensor más célebre-- es vista con cautela por parte de los estadounidenses. El motivo es que la mayoría de los que optan por este tipo de educación lo hace por causas religiosas ya que es un movimiento vinculado a los cristianos más conservadores, que no quieren que sus vástagos se contaminen. En la actualidad, más de un millón de chavales en EEUU (el 2% de la población escolar) aprenden en el hogar paterno y no en el colegio.Pero Smith no solo enseña a sus dos hijos cómo ser ciudadanos del mundo. También les ha inculcado el amor por su oficio. Si en el 2006 compartió cartel con su hijo, Jade, en la tierna En busca de la felicidad ahora lo hace con su hija, Willow, en Soy leyenda. "Ella siempre está viendo películas y me dijo que quería participar en esta. Es increíble que un hijo quiera hacer lo que su padre. No hay otra cosa que yo les pueda enseñar mejor, así que es mi responsabilidad hacer que siga siendo divertido para ellos", dijo.
PLANETA SIN VIDA
Soy leyenda se estrena en España el próximo miércoles. La película, de inconfundible sello estadounidense, narra la lucha del protagonista por devolver la vida a un planeta cuya población se ha extinguido por culpa de un virus letal. No es la primera vez que el anteriormente conocido como Príncipe de Bel-Air salva el mundo de las garras del mal, pero ayer vendió el filme como si fuera el primero. Su mayor virtud, reconoció, es la de divertir a los espectadores. "Me gusta entretener. Es lo que quiero", afirmó.La película --dirigida por Francis Lawrence y basada en una novela de Richard Matheson-- ha sido bien acogida por The New York Times, cuyo crítico A.O. Scott ha elogiado la "fuerza interpretativa de Smith".
Publicado en el díario “El periódico” 15/12/07
En este sitio se irán publicando progresivamente los sucesivos capítulos de la traducción.
Juan Leseduarte ha creado este sitio para albergar su traducción al español del libro de John Taylor Gatto Underground History of American Education
El homeschooling es una nueva modalidad de enseñanza que propone que se instruya a los chicos desde pequeños en el ámbito hogareño. La crisis educativa –violencia escolar, paros, problemas edilicios, falta de recursos- hace que cada vez más padres la elijan. Y ya hay una asociación que la promueve. Desde la psicología, advierten que esos jóvenes pueden tener problemas para relacionarse con otros y con su inserción en el mundo real.
Sus tiempos son diferentes. Después de un desayuno cálido en familia, mamá le prende la compu y le pregunta qué quiere aprender hoy: ¿álgebra, geografía o literatura? “Literatura”, contesta, sin dudar, mientras ya empezó a leer de reojo las primeras líneas del libro. Más tarde visitará la biblioteca del barrio como lo hace a diario y se conectará a Internet, para ver si le mandaron el cuestionario de Historia. De este modo transcurre sus días un niño argentino cuyos padres han decidido que se eduque en el hogar, lo que implica no asistir a la escuela.
Porque el homeschooling –con ese nombre nació en los Estados Unidos– se practica en la Argentina cada vez con mayor frecuencia, y las respuestas que lo impulsan son: libertad, seguridad y capacitación. Julio Archet es el presidente de Educación Personalizada, un grupo de padres que se conectan a través de Internet para ayudarse, intercambiar ideas e información. “Los guiamos durante los primeros años y después ellos ya son autogestivos para desarrollar un programa de estudios. Usamos los mismos libros-guía que el sistema educativo, pero lo complementamos con abundante información y ejercicios. Utilizamos enciclopedias y desarrollamos los temas hasta donde entiendan. Son pocas horas pero muy intensas y dirigidas a lo concreto y no repetitivo, explica. Todos los padres que deciden educar a sus hijos en casa están amparados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos del Niño y por la Ley Federal de Educación. Luego, los chicos pueden rendir exámenes libres y así ingresar a la Universidad.
“No necesitamos de la escuela para educar a nuestros hijos. Si de formación argentina hablamos, hay que recordar la cadena de bochazos al ingreso de las universidades y a los chicos que no saben una tabla de multiplicación. El sistema educativo no nos ofrece mejores posibilidades: no contemplan un ámbito adecuado desde lo edilicio, acústico, luminoso y ni hablar de las herramientas de trabajo y la seguridad”, justifica Archet. Flavia Vegezzi es madre de tres varones desescolarizados, como ella los llama. “Optamos por la educación a distancia y trabajamos por proyectos. Hacen trabajos de investigación, buscan información, la procesan, lo leemos todos juntos, discutimos y les pedimos que hagan informes, resúmenes o monografías. También van a prácticas de deportes, talleres de música o arte, de acuerdo a los intereses de cada uno.” Bajo este sistema y el uso indiscriminado de las bibliotecas barriales y de Internet, los chicos aprenden y alcanzan niveles muchas veces superiores, por manejar otros tiempos e intereses. También pareciera ser indispensables un nivel cultural alto por parte de los padres y, en algunos casos, un buen pasar económico. Por eso, cuando surge la pregunta fundamental: “¿Qué se requiere para educarlos en casa?”, Isabel Ferreira, madre de dos nenas y un varón que no asisten a la escuela, explica: “Nosotros no somos docentes, ni pretendemos serlo. No planificamos lo que nuestros hijos deben aprender. Estamos al servicio de sus intereses, respondemos a sus inquietudes al tiempo que surgen. En cuanto a la socialización, Archet cuenta: “Ellos no están todo el día metidos en casa. Tienen amigos, no muchos, los que ellos deciden. Son fieles, sencillos, proyectan paz interior, y están seguros de sí mismos”.
“Están más limitados a la hora de vincularse”
La licenciada Alejandra Marroquín es psicopedagoga y psicoanalista, coordinadora docente y supervisora del Equipo de Psicopedagogía del Centro Dos. Fundamenta que “ir a la escuela es una salida a lo familiar que es vital para cada persona. La escuela tiene una función no solamente de educar, sino también la de propiciar nuevos vínculos con otros referentes que no sean los familiares. Lo que tiene de fundamental es la socialización con nuevos referentes maestros y referentes pares, los que enriquecen el aprendizaje. Un chico que no tiene acceso al colegio está más limitado en sus vínculos. Un niño que aprende en la casa (un sistema que aunque parezca nuevo es antiquísimo ya que se asemeja mucho a cuando se llevaba a una institutriz para que se hiciera cargo de la enseñanza del chico), encuentra obstáculos en su salida al mundo que lo rodea. Pierde el interactuar con otros. Incluso existen casos en los que cuando un chico tiene dificultad en realizar la tarea, es indicación terapéutica que no la haga con los padres, porque con ellos tiene un vínculo de amor distinto al que puede crear con un docente. Un padre tiene que habilitar que el chico tenga un lazo con el maestro. Por eso, en este marco en el que muchos eligen educarlos en casa por miedo a la ola de violencia escolar y a la inseguridad, habría que pensar qué está pasando a nivel educativo para que exista esta modalidad. Hay que repensar ciertas cuestiones como qué hacemos con ciertos excesos de violencia que existen en nuestra sociedad y cómo debemos encararlo en la escuela.”
La Consejería estudiará las circunstancias de la solicitud para ver si es posible que el niño no vaya al colegio
La Opinión de Tenerife Lunes 12 de noviembre de 2007
MARÍA PLASENCIA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
La Declaración Internacional de Derechos de los Niños recoge la protección constitucional del derecho a la educación de todos los menores. Además, España obliga a la escolarización de todos los niños hasta al menos los 16 años, cuando concluye la Educación Secundaria Obligatoria. Sin embargo, esto no impide que haya padres que confían en poder dar a sus hijos la educación que merecen y solicitan ante la Administración educativa que les permitan a los alumnos abandonar el centro escolar y recibir las clases en el hogar.
Esto también ha ocurrido en Canarias, puesto que recientemente una familia de La Gomera ha pedido ante la Consejería regional de Educación impartir la educación de su hijo en casa. Así lo ha explicado el director Territorial de Educación , José Zenón Ruano, quien añadió que "ya se ha solicitado el informe pertinente a la Inspección". Ruano ha informado de que el procedimiento que se sigue en estos casos implica "analizar las causas por las que la familia ha decidido realizar esta situación, puesto que en algunos casos se puede permitir".
En ese sentido, el director Territorial de Educación ha considerado que "no es la opción que más barajamos, sólo se aceptaría en casos muy excepcionales" y ha añadido que "en estos momentos tendremos que analizar, conjuntamente con el Ministerio de Educación, las causas que han llevado a esta familia a realizar la petición".
José Zenón Ruano ha incidido en que "no es una situación normal y no se suele aceptar" puesto que, según ha entendido, "la escuela no sólo tiene una labor de formación o de educación, sino que también cumple importantes funciones de socialización de los menores". "Aún así, cuando se acepta que la educación la impartan los padres, hay que pedirles determinadas garantías para que se cumpla el derecho de los menores a la educación", ha añadido.
Petición o absentismo. Además, el director Territorial de Educación ha recordado que "hay que diferenciar a los padres y madres que nos solicitan dar las clases a sus hijos en casa y aquellos casos de absentismo que se detectan en los centros escolares y que son mucho más preocupantes". En ese sentido, Ruano ha recordado que "cuando un menor no asiste con regularidad al centro, se debe dar cuenta a los servicios sociales del ayuntamiento correspondiente, que realiza el informe oportuno" pero ha señalado que "en estos casos, lo que hay es más dejadez de los padres que intención de educarles en casa".
Posible con capacidad y disponibilidad
El hecho de que los padres y madres decidan educar a sus hijos en casa puede, como todo, tener varias visiones. En el caso del catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación, Esteban Torres , "incluso puede tener aspectos positivos, pero todo tiene su riesgo".
Así, el profesor de la Universidad de La Laguna considera que "en una primera reflexión, es de valorar que en la época en la que vivimos los progenitores realmente se impliquen en la educación de sus hijos", puesto que según entiende "hoy en día por lo general los padres se lavan las manos".
Sin embargo, Torres asevera que "hay que tener en cuenta muchas cosas antes de optar por una postura en contra o a favor, como por ejemplo la capacidad real que tienen los padres de dar a sus hijos la educación y formación competitiva que se requiere en la actualidad". "Si fuera así, y siempre que la disponibilidad de los progenitores lo permita, no tiene por qué haber ningún problema", recalca el catedrático, para el que "también hay que tener en cuenta que esa formación se debe completar con algún tipo de actividad que no impida a los menores la socialización que les imprime acudir a un centro escolar".
Teniendo en cuenta las tres variables de capacidad, disponibilidad y complementación, "lo único que le queda a la Administración por hacer es garantizar que efectivamente el menor está recibiendo una educación acorde con los valores que recoge la norma, y especialmente la Constitución", añade.
Por eso, Torres argumenta que "según las circunstancias especiales de cada familia, se puede aceptar que el niño no acuda al centro escolar" pero advierte del "peligro" que puede conllevar esta situación y que sitúa en que "al final, puede ocurrir lo que ha ocurrido siempre y es que sólo uno de los dos entregue su tiempo a educar a los hijos, que en este caso siempre será la mujer".
EDUCACIÓN
La imputación de un matrimonio de Irún por educar a sus hijos sin llevarlos a un colegio ha abierto un amplio debate social. Expertos en educación hablan del asunto
CRISTINA TURRAU
SAN SEBASTIÁN. DV. Un matrimonio de Irún ha sido imputado judicialmente por educar en casa a sus hijos de 12, 10, 8 y 6 años. Ketty Sánchez, profesora que regenta una academia de idiomas, donde ofrece formación a sus hijos, y su marido, el estadounidense Michael Branson, se han enfrentado al departamento de Educación del Gobierno Vasco. Defienden un derecho que consideran que debe de poder ejercer cualquier padre: el de educar a sus hijos. ¿Es una fórmula que debe ser admitida? ¿Habría que regularizarla como han hecho algunos países europeos o Estados Unidos? Tres expertos del área de la Educación y la Pedagogía opinan sobre la cuestión.
«La educación en casa no cubre bien el aspecto social»
Aceptando el hecho de que pudieran existir otros sistemas paralelos, deberían estar legalizados. La inspección educativa debería llevar un control riguroso de los mismos. Se trataría de visitar a las familias y conocerlas. Y éstas, avisar de que no van a entrar en el sistema general, anunciar que van a educar a sus hijos en casa. Y la inspección de Educación debería comprobar que se trata de familias aptas para ello. Y entramos así en una distinción social. ¿Quiénes son aptas? ¿Las personas con mayor capacidad intelectual o mayor capacidad económica? Así se cubriría la parte de la instrucción. Pero queda el lado social, que en casa no se cubriría del todo. La escuela, con sus aspectos buenos y malos, es una microsociedad, con niños y niñas diferentes, que reproduce los conflictos que existen fuera. No hay que negarles la experiencia de enfrentarse y superar los conflictos que allí surgen.Creo que el mejor sistema es el que tenemos. Si la Administración piensa que debería haber otros, el control debería ser muy riguroso».
1. ¿Qué le parece la fórmula de educar en casa?
«Sin entrar a valorar el derecho de los padres a educar a sus hijos, considero que nuestro sistema intenta garantizar el acceso a la educación de todos los niños y niñas. Que los padres puedan ejercer por sí mismos ese derecho, me parece complicado. Porque unos lo pueden hacer bien y otros, menos bien. De momento, el único sistema que garantiza que todos los niños accedan a la educación es el actual.
2. ¿Hay que admitir que existan sistemas educativos diferentes al oficial?
«Por libertad, se deberían de admitir. ¿Pero eso significa que se puede educar a los niños y a las niñas como se quiera? Si cada colectivo humano quiere dar una enseñanza diferente puede ser bueno o puede ser malo. Porque es una forma de crear guetos. En vez de hablar de diversidad, que es lo que garantiza el sistema general, hablamos de diferencias».
3. ¿Es el sistema educativo general el mejor de los posibles?
«Es el menos malo. Decir cuál es el mejor es muy difícil. Pero de todos los sistemas que hemos tenido hasta ahora y de los conocidos es el menos malo».
4.¿Qué opina de que el caso de la familia de Irun se haya llevado a la vía judicial?
«No sé cuál ha sido el proceso para llevarlo a la vía judicial. Si alguno de los hijos estaba matriculado en un centro y dejó de acudir a él, por ley se investiga en qué situación se encuentran estos niños. Por qué no acuden a la escuela. En casos de absentismo escolar, la inspección educativa actúa. Si el procedimiento de la denuncia judicial es bueno para unos, mientras no exista otra normativa, la inspección debe de tratar a todos por igual. Tanto a aquellos niños que no van a la escuela por absentismo como a los que no van a la escuela porque los padres los educan. Otra cosa es si debería de haber otro sistema educativo. Pero ahora se ha hecho lo que se debía de hacer».
«Judicializar el caso de Irun ha sido un disparate»
Se trata de proteger los derechos de los niños. Cuando se acude a la familia y se comprueba que la familia está atendiendo los derechos de sus hijos, hay que admitirlo. Y puede haber variadas razones para ello. Entiendo que desde Inspección no se ha ido a casa de la familia. No han hablado con ellos. Y ha abierto un trámite judicial, lo que me parece un disparate».El sistema educativo es lo mejor que tenemos. La escuela es la mejor máquina de enseñar. Eso no quiere decir que todos tengan que pasar por el mismo camino. Y tampoco que una alternativa como la de educar en casa tenga que generalizarse».Supongo que la Inspección educativa se encuentra en el dilema de cumplir la legislación, que dice que la enseñanza es obligatoria y por otro, respetar el derecho o la libertad a la familia a educar de una forma diferente, garantizando los niveles educativos. Pero han actuado erróneamente. Si hubiera detectado abandono, sería diferente.¿La Inspección educativa no tiene asuntos más urgentes y apremiantes de qué ocuparse? ¿No sería mejor garantizar el éxito escolar de los alumnos inmigrantes o el aprendizaje del euskera en una mayor proporción de la que existe actualmente?».
1. ¿Qué le parece la fórmula de educar en casa?
«En principio, no me parece mal, con muchas matizaciones. La obligatoriedad de la educación escolar está muy bien, porque sirve para proteger los derechos de la infancia en los colectivos más desfavorecidos. Pero en determinados casos, como el de Irún, la enseñanza en casa puede tener su plena justificación. Y puede ser completamente aceptable. Porque se cumplen una serie de condiciones. La familia tiene inquietud. Se preocupan. La madre es profesora y se garantiza la educación de los niños.
2. ¿Hay que admitir que existan sistemas educativos diferentes al oficial?
«Se trata de una educación alternativa que, en principio, no tiene por qué ser peor. Si estas familias cuentan con los apoyos necesarios para que sus hijos consigan un nivel académico suficiente, bastaría con un examen que lo acreditara. Tampoco creo que haya problemas de socialización, que puede producirse en el parque y en otra variedad de actividades. No tiene por qué ser que esos niños estén aislados. Eso es un tópico».3. ¿Es el sistema educativo general el mejor de los posibles?
«Sí. Nunca ha habido un sistema tan bueno a lo largo de la Historia. Antes nunca hubo una escolarización general. Mis abuelos no fueron a la escuela. Ahora tenemos una educación general y obligatoria. En el tercer mundo hay más de 120 millones de niños sin escolarizar. ¿Qué bien les vendría que la escolarización fuera obligatoria! La educación no es hoy sólo para las élites o los privilegiados, lo que resulta un gran logro. Y es una enseñanza cada vez más científica y más seria. Concretamente en el País Vasco se ofrece una enseñanza bilingüe y en los índices comparativos del Estado resulta, junto con Navarra, una de las mejores.
4. ¿Qué opina de que el caso de la familia de Irún se haya llevado a la vía judicial?
«Me parece un disparate enorme. Está muy bien que la enseñanza sea obligatoria pero antes de usar la vía judicial, la Inspección debería haber hablado antes con la familia. Por lo que he visto, las clases de esos niños parecen aulas con mapas, pizarras, libros y cuadernos. Se hubieran dado cuenta de que no existía un abandono, sino una protección bastante garantizada.
«Hay que regular una alternativa que no sirve para todos»
Educar en casa no es fácil. Requiere unas condiciones y una preparación por parte de los padres. No es una alternativa al alcance de cualquiera. No todos pueden permitirse una posibilidad así. Porque aparte de la disponibilidad horaria, está la necesidad de determinado tipo de conocimientos y el contar con una serie de apoyos didácticos y pedagógicos, que en este momento están cubiertos por el sistema educativo. Las leyes educativas deberían contemplar qué condiciones deben de cumplirse para educar en casa. Es diferente a otras alternativas. Porque cuando se abre un centro educativo, aunque vaya en una línea diferente de la oficial, se requieren una serie de permisos y el sometimiento a determinadas pruebas o exámenes. Pero este caso es diferente, porque son los propios padres los que se instituyen como agente educativo formal».
1. ¿Qué le parece la fórmula de educar en casa?
«No es una tarea sencilla. La fórmula de educar en casa es una posibilidad más, como pueden ser las escuelas alternativas. En estos casos, cuando los niños superan las etapas obligatorias se integran en el sistema reglado, habitualmente sin ningún problema. Pero la cuestión de educar en casa es diferente. Considero que se debe permitir como una alternativa más, pero el sistema debería estar regulado, de manera que se garantice que los niños reciben la atención educativa pertinente.
2. ¿Hay que admitir que existan sistemas educativos diferentes al oficial?
«Sí. Es una forma de reconocer la pluralidad de la sociedad. Y de canalizar las expectativas educativas de determinados grupos de padres y madres. La Pedagogía es un ámbito muy amplio. Existe una gran variedad de filosofías educativas y no tienen por qué no tener cabida dentro del sistema. Aunque luego necesiten determinados requisitos administrativos. Se trata de garantizar que esos niños no van a sufrir una discriminación que les perjudique en el ámbito de los conocimientos, la socialización o la igualdad de oportunidades».
3. ¿Es el sistema educativo general el mejor de los posibles?
« Lo que tiene de bueno es que, por lo menos sobre el papel, garantiza la educación para todos y sin discriminación. Beneficia además al alumnado con dificultades por cuestiones de origen, personales o sociales. Y garantiza que todos los niños llegan a un punto de partida común para el desarrollo futuro de su vida. Pero desde luego que el sistema puede mejorar en medios, en políticas inclusivas o en el tratamiento de las diversas capacidades».
4. ¿Qué opina de que el caso de la familia de Irun se haya llevado a la vía judicial?
«Creo que ha habido un problema de procedimiento. No sé cuáles son los cauces y protocolos que deben de llevarse a cabo para regularizar este tipo de situaciones. Opino que hubiera sido más adecuado canalizarlo a través de los servicios sociales. Si hubiera habido un caso de abandono escolar, entonces sí se entendería el recurso a la Justicia. Pero es un caso completamente diferente. Y estas situaciones hay que abordarlas con normalidad y sin escándalo».
Publicado en el Diario Vasco, 10/11/07