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'Homeschooling', el colegio en casa

Nueve familias extremeñas educan a sus hijos en sus hogares, que se convierten en ’escuelas’, una práctica que siguen unos 2.500 padres

Desde la puerta se oyen los acordes de parte de la banda sonora de ’El Señor de los Anillos’ interpretada con soltura y contundencia en el piano. El joven ’solista’ se llama Yvain Calvo Caballero, tiene 12 años y, además, toca la guitarra, la trompa y el saxo. También tiene tiempo para practicar kárate y tenis. Estudia varios idiomas, entre ellos, inglés y japonés, y su formación académica equivale a la de otros niños de su edad. Cualquiera podría pensar que se trata de un superdotado, pero en realidad no es su coeficiente intelectual lo que le diferencia del resto. Desde que tenía cuatro años, sus profesores son sus padres y su colegio, su casa, situada en la localidad pacense de Gévora.
Para muchos, la opción elegida por Azucena Caballero y Juan Calvo para educar a Ivain y a sus hermanos, Tristán y Ginebra, dista mucho de ser «adecuada», sin embargo, el fenómeno ’homeschooling’ (educando en el hogar) está extendido y aceptado en infinidad de países del mundo desarrollado. Sólo en España se estima que hay unas 2.500 familias que han decidido no escolarizar a sus hijos. Nueve de ellas son extremeñas.
Cada familia llega al ’homeschooling’ por un motivo distinto. Algunos padres no están de acuerdo con el sistema pedagógico que impera en los colegios convencionales y no están dispuestos a que sus hijos se sometan a sus parámetros, otros, simplemente están convencidos de que es su responsabilidad educar a sus vástagos, en primera persona y según sus principios y creencias. La mayoría toma la decisión tras la experiencia de haber matriculado a uno de sus hijos, casi siempre el mayor.
«Yo tengo una amiga que decidió sacar a su hijo del colegio porque no le gustaba el sistema tan directivo que todavía hoy en día impera en muchos centros. Porque estamos en el siglo XXI, pero algunos colegios parece que se quedaron en el XIX. No digo todos, pero sí algunos. Nosotros llevamos a Yvain al cole cuando era pequeño. Todavía vivíamos en Cataluña y nos dimos cuenta de que el centro no nos ofrecía el tipo de formación integral que buscábamos para nuestro hijo. De hecho, más que ser un apoyo, se convirtió en un impedimento. Nos aportaba unas pocas cosas que nosotros podíamos suplir fácilmente y, sin embargo, nos quitaba otras que para nosotros eran muy importantes, así que decidimos educarlo en casa», recuerda Azucena Caballero, que llegó a Extremadura hace tres años buscando calidad de vida para criar a sus hijos.
Valentín Velasco y María José Moreno decidieron sacar del colegio a Hugo, su primogénito que ahora tiene siete años, y que estuvo escolarizado durante tres. «Nosotros vivíamos en Madrid, pero al trasladarnos a Badajoz y plantearnos que teníamos que buscar un centro para él, decidimos que íbamos a educarlo en casa, después de encontrarnos con las trabas habituales a la hora de buscar plaza para los pequeños», explica Valentín, quien, paradójicamente, trabaja como profesor de Filosofía en un centro de Secundaria de la capital pacense.
«Era el momento idóneo, pero en realidad siempre habíamos querido hacerlo. No nos gustaba la rigidez con la que estaban formando a Hugo en el colegio y tampoco estábamos de acuerdo con la uniformidad y el trato poco personalizado que recibía. La educación en casa permite ser mucho más flexible y, por supuesto, adaptarte a los intereses y las capacidades de tus hijos», argumenta María José, que actualmente regenta una tienda de productos ecológicos para bebés en Badajoz.
Espejos necesarios
Para aglutinarlos a todos y que se sirvan de espejos los unos a los otros surgió la Asociación para la Libre Educación, cuya vicepresidenta es Azucena, de la que forman parte 400 familias de ’homeschoolers’. En Extremadura están asociadas nueve, aunque todos coinciden en que seguramente hay más. «Ten en cuenta que vivimos en una región muy cercana a Portugal, un país donde es legal educar a tus hijos en casa y eso seguro que influye», reflexiona Azucena.
En casi todos los casos, los protagonistas coinciden en la importancia de hablar con otras familias y ver cómo les ha ido a ellos antes de dar el paso. «Me parece interesante que, además de conocer a otros padres, los interesados en ser ’homeschoolers’ tengan la oportunidad de tratar a los hijos. Para mí fue algo definitivo. No se me olvidará nunca el primer niño que conocí, tenía 12 años y me fascinó. Recuerdo que pensé: yo quiero lo mismo. Todos ellos comparten una alegría única y una curiosidad muy particular por todo y son muy gratificantes», recuerda Azucena.
Una vez dado el paso, con todo lo que conlleva, el siguiente es organizar la logística dentro del núcleo familiar para repartir tareas y responsabilidades. «En nuestro caso, nos vinimos a Extremadura para facilitar todo el proceso. Mi marido trabaja por la mañana y yo por la tarde. Así podemos repartir las ’clases’ que mejor se nos dan a cada uno. Juan, mi marido, ’controla’ las matemáticas y se ocupa de ese área, por ejemplo», señala Azucena. En su caso, sus hijos están matriculados en una escuela de educación a distancia de California, de manera que tienen como referencia esos parámetros a la hora de fijar contenidos u objetivos en cada curso.
Los límites
Para Valentín y María José, ambos profesores de Secundaria, él de Filosofía y ella de Matemáticas, el principal problema era la distribución del tiempo. «Ella daba clases en Madrid, pero aquí lo dejó y tiene una tienda que atiende por la tarde, de manera que ella se encarga de los niños por la mañana y yo por las tardes. En lo referente a contenido, la verdad es que lo tenemos bastante controlado, al menos de momento. Solemos comprar manuales y seguimos bastante de cerca el currículo marcado por la Junta», explica Valentín. Su mujer matiza: «Los padres no tenemos por qué ser especialistas de todo, si ves que no llegas puedes buscar asesoramiento de especialistas en Internet, por ejemplo», apunta María José.
Precisamente porque no todos los padres tienen el mismo nivel de formación, la comunidad de ’homeschoolers’ sabe que la Red de redes es una de las soluciones para solventar sus ’carencias’. Muchos de ellos recurren a Epysteme’, uno de los primeros programas ’on line’ para educación a distancia en España que facilita un programa curricular completo, servicio de tutorías, consultas psicológicas para los niños en caso de que fuera necesario y evaluación continuada. Azucena confiesa que en el día a día surgen situaciones muy divertidas. «Se puede dar el caso de que mi hijo, ahora mismo, sepa hacer raíces cuadradas y yo no, porque se las enseña su padre», bromea.
Casi todos reconocen que sus ’limitaciones’ empiezan en la época del instituto o la universidad, cuando la mayoría de los niños que han sido educados en casa suelen integrarse sin dificultad en métodos más convencionales de enseñanza. «Uno de los primeros niños que se formó en casa con sus padres, que ya es adulto, es ahora un piloto de British Airways», apunta Azucena.
Incomprensión
Pero no todos son finales felices y buenas palabras. Estos padres, cuya responsabilidad para con sus hijos es cuestionada por la mayoría de la sociedad, tienen que dar muchas explicaciones a propios y extraños. «Muchas veces los primeros que se preocupan son tus propios familiares, a los que con el tiempo acabas convenciendo, por no hablar de los compañeros de trabajo, conocidos y demás... Pero en el día a día también le tienes que explicar a la frutera porqué los niños no están en el colegio un día de diario, cuando te acompañan a hacer la compra», cuenta María José, cuyos hijos, Hugo, Violeta y León, tienen 7, 4 y 2 años, respectivamente.
Azucena relata experiencias parecidas. «Me han dicho de todo a lo largo de estos años. Un día una madre me soltó que lo que yo hacía era optar por lo «fácil» porque no «sufría» teniendo que llevar a mis hijos al cole. Tengo asumido que cuando me hacen críticas en realidad no me las hacen a mí. Son sistemas defensivos que ellos se crean ante una situación que creen que les obliga a plantearse cosas que ellos no se quieren plantear, por eso su respuesta es el ataque. No creo que ninguno esté preocupado de verdad por mis hijos», opina por su parte Azucena.
Reconoce que lo que más le molesta es que le pregunten directamente a los niños sobre el tema. «Me duele que se dirijan a ellos para saciar su curiosidad y eso es algo que en Extremadura pasa, quizá más que en otras comunidades. Es una de las cosas a las que más me costó adaptarme porque yo venía de un entorno en el que la privacidad de cada familia es algo más íntimo y aquí es casi de dominio público. Por suerte mis hijos son conscientes de la situación y no les crea ningún problema. Pero me molesta», aclara.
Niños sociales
Mientras su madre explica todos los detalles de su educación, Yvain y sus hermanos, Tristán, de ocho años, y Ginebra, de 3, juegan en el patio de su casa con unos amigos del pueblo que han venido a buscarlos. Azucena aprovecha para hablar de la supuestas dificultades de los ’homeschoolers’ para relacionarse con otros niños. «Socializarse es integrarse en sociedad, como la propia palabra indica, no pasar cinco horas al día con un grupo de gente segregada por un criterio de edad. Piensa en un niño que sólo va al colegio pero que se pasa el resto del tiempo encerrado en casa, ¿estaría más socializado que mis hijos? Hace varias décadas, muy pocos de nuestros abuelos iban al colegio, ¿quiere eso decir que no estaban integrados en la sociedad? Yo creo que el colegio puede ser un agente socializador pero no es el único, la vida social sale a cada paso», afirma Azucena. Y las opciones personales de cada familia son infinitas.
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